jueves, 28 de enero de 2016

Descubriendo a Galeano

Yo no sé si sea un 'carasucia' más que escribe estas líneas
para recordar a aquel hombre con una huella de tinta sobre el césped
 y una de hierro sobre el papel.
(Ángel D. P. Ocando)

Sé que muchos esperan leer algo como que Galeano fue, es y será lo máximo, no tanto por el preciado y real talento de su pluma sino por aquel clásico epitafio que reza: “tan bueno que era”, típico de nuestra idiosincrasia venezolana. Por otro lado también sé que muchos farandis, especialmente mis panas simpatizantes de ideología izquierdista –que de Galeano conocen lo mismo que yo de astronomía- pretenderán leer unas 386 alabanzas hacia el laureado escritor de “Las Venas Abiertas de América Latina”, solo porque el hombre en cuestión aparentemente simpatizaba con la mencionada visión política. Es cierto que el hombre fue un genio, y me permito conjugar en presente y decir que aún lo es porque ahora es que hay rato para arroparnos en su legado, y que su punzante e inciso estilo de opinar a través de las letras le sitúa entre los grandes. Pero no es precisamente sobre esos tópicos que voy a dejar correr algunas palabras sobre quien fuera un verdadero apasionado por el fútbol. Los intelectuales ortodoxos (esos que de seguro padecieron Bullying en calidad de exportación durante su infancia cuando de alguna actividad deportiva se trataba, y por lo cual seguramente despotrican contra cualquier disciplina del deporte) tal vez se depriman no solo por el hecho de que su dios Galeano fuese amante de los deportes, sino que creo que serían capaces hasta de practicarse un sepukku si leen la máxima de Alejo Carpentier, que da nombre a su ensayo: “El Deporte Es Cultura”. En esta joya ensayística, el cubano autor de “El Siglo de Las Luces” y “El Reino de Este Mundo”, expone con detenimiento el fenómeno –absurdo tanto para él como para mí- de que se reniegue del deporte como cultura, y más indignantemente aún para quienes así piensan, postula a las hazañas deportivas como materia prima para la inspiración literaria.

Eduardo Galeano siempre se autoproclamó como un simple “mendigo del buen futbol”, palabras más, palabras menos. Una prueba inequívoca de ello es el prólogo a la impresionante selección de textos literarios que aparecen en el compendio de relatos latinoamericanos sobre Futbol, “Las Reglas del Juego”, donde dentro de los autores más destacados está Roberto Bolaños (otro duro golpe para todos aquellos a los que dedico este artículo) entre otros. Pero, a mi juicio, el texto que lo sentencia como el que mejor supo plasmar la relación entre la literatura y el deporte y esa cosa que llaman vida, al menos en Latinoamérica, fue “El Futbol A Sol Y Sombra”. Y es que Galeano fue un crack cuando de regalar letras al deporte se trató, y las mencionadas quimeras literarias así lo confirman.

El carácter apasionado, la fiereza al momento de sembrar tinta en el papel para bañar de brillantes aserciones nuestro universo ensayístico, hacen de Galeano un tipo del que debemos sentirnos sumamente orgullosos, especialmente nosotros, los de la parte baja del patio, los del sur. Galeano es alguien que debemos, más que recordar, leer. Pero no digo esto a apropósito de su muerte ni mucho menos su visión política, sino por la riqueza de su calidad literaria, es decir, porque definitivamente es un gustazo leerle y porque sus incisos literarios de verdad que calan en la conciencia de todo lector que aprecie el buen tacto derivado de las letras y la opinión, de ese matrimonio estético que tan paradójico resulta en ocasiones.

Mi invitación personal es a leerlo, a apreciar sus textos, a degustar su exquisitez literaria. Permitirnos entrar al espectro de la obra de Eduardo Galeano es un viaje sublime, sin más. Desnudémonos de todo tabú, pero no para acobijarnos en la hipocresía, apreciemos a Galeano por lo que escribió, por lo que dijo en metáforas, por esos pedazos de lumbreras que expresan una visión cosmopolita y emancipadora. Solo así, desprovistos de toda naturaleza inquisidora y/o idiotizante, es que podremos saber quién es realmente Eduardo Galeano.

Luis Daniel Ramones

Ldrc87@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario