Yo no sé si sea un 'carasucia' más que
escribe estas líneas
para recordar a aquel hombre con una
huella de tinta sobre el césped
y una de hierro sobre el papel.
(Ángel
D. P. Ocando)
Sé que muchos
esperan leer algo como que Galeano fue, es y será lo máximo, no tanto por el
preciado y real talento de su pluma sino por aquel clásico epitafio que reza:
“tan bueno que era”, típico de nuestra idiosincrasia venezolana. Por otro lado
también sé que muchos farandis,
especialmente mis panas simpatizantes de ideología izquierdista –que de Galeano
conocen lo mismo que yo de astronomía- pretenderán leer unas 386 alabanzas
hacia el laureado escritor de “Las Venas Abiertas de América Latina”, solo
porque el hombre en cuestión aparentemente simpatizaba con la mencionada visión
política. Es cierto que el hombre fue un genio, y me permito conjugar en
presente y decir que aún lo es porque ahora es que hay rato para arroparnos en
su legado, y que su punzante e inciso estilo de opinar a través de las letras
le sitúa entre los grandes. Pero no es precisamente sobre esos tópicos que voy
a dejar correr algunas palabras sobre quien fuera un verdadero apasionado por
el fútbol. Los intelectuales ortodoxos (esos que de seguro padecieron Bullying en calidad de exportación durante
su infancia cuando de alguna actividad deportiva se trataba, y por lo cual
seguramente despotrican contra cualquier disciplina del deporte) tal vez se
depriman no solo por el hecho de que su dios Galeano fuese amante de los
deportes, sino que creo que serían capaces hasta de practicarse un sepukku si leen la máxima de Alejo
Carpentier, que da nombre a su ensayo: “El Deporte Es Cultura”. En esta joya ensayística, el cubano
autor de “El Siglo de Las Luces” y “El Reino de Este Mundo”, expone con
detenimiento el fenómeno –absurdo tanto para él como para mí- de que se
reniegue del deporte como cultura, y más indignantemente aún para quienes así
piensan, postula a las hazañas deportivas como materia prima para la inspiración
literaria.
Eduardo Galeano
siempre se autoproclamó como un simple “mendigo del buen futbol”, palabras más,
palabras menos. Una prueba inequívoca de ello es el prólogo a la impresionante
selección de textos literarios que aparecen en el compendio de relatos
latinoamericanos sobre Futbol, “Las Reglas del Juego”, donde dentro de los
autores más destacados está Roberto Bolaños (otro duro golpe para todos
aquellos a los que dedico este artículo) entre otros. Pero, a mi juicio, el
texto que lo sentencia como el que mejor supo plasmar la relación entre la
literatura y el deporte y esa cosa que llaman vida, al menos en Latinoamérica,
fue “El Futbol A Sol Y Sombra”. Y es que Galeano fue un crack cuando de regalar letras al deporte se trató, y las
mencionadas quimeras literarias así lo confirman.
El carácter
apasionado, la fiereza al momento de sembrar tinta en el papel para bañar de
brillantes aserciones nuestro universo ensayístico, hacen de Galeano un tipo
del que debemos sentirnos sumamente orgullosos, especialmente nosotros, los de
la parte baja del patio, los del sur. Galeano es alguien que debemos, más que
recordar, leer. Pero no digo esto a apropósito de su muerte ni mucho menos su
visión política, sino por la riqueza de su calidad literaria, es decir, porque
definitivamente es un gustazo leerle y porque sus incisos literarios de verdad
que calan en la conciencia de todo lector que aprecie el buen tacto derivado de
las letras y la opinión, de ese matrimonio estético que tan paradójico resulta
en ocasiones.
Mi invitación
personal es a leerlo, a apreciar sus textos, a degustar su exquisitez
literaria. Permitirnos entrar al espectro de la obra de Eduardo Galeano es un
viaje sublime, sin más. Desnudémonos de todo tabú, pero no para acobijarnos en
la hipocresía, apreciemos a Galeano por lo que escribió, por lo que dijo en
metáforas, por esos pedazos de lumbreras que expresan una visión cosmopolita y
emancipadora. Solo así, desprovistos de toda naturaleza inquisidora y/o
idiotizante, es que podremos saber quién es realmente Eduardo Galeano.
Luis
Daniel Ramones
Ldrc87@gmail.com
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